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A usted que utiliza siempre el auto o la moto para transportarse, ¡si a usted!: ¿SABIA QUE SU SALUD CARDIOVASCULAR ESTA EN PELIGRO?

Sedentario se le llama al individuo que adopta un estilo de vida caracterizado por la realización de poca actividad física y/o actividades de poco o nulo esfuerzo físico, por ejemplo utilizar siempre el auto o la moto para transportarse dentro de la ciudad en lugar de caminar o trasladarse en bicicleta. Otro ejemplo muy cotidiano es el de ingerir frecuentemente comidas rápidas o también conocidas como chatarras por “pereza” de prepararse sus propias comidas, lo que lleva a la ingesta en exceso involuntaria de conservantes, grasas saturadas y azucares; a esto se le suma la inactividad, pasando horas en el sofá mirando televisión, en la computadora o directamente utilizando la moto o el auto para evitar caminar 10 o 15 cuadras..
Estos malos hábitos sedentarios repercuten de muchas maneras en el organismo aumentando el riesgo de padecer ciertas afecciones y/o enfermedades como por ejemplo diabetes, enfermedades cardiovasculares, hipertensión arterial, osteoporosis, depresión, ansiedad, etc.

La piel es uno de los órganos que se ve afectado por el sedentarismo, celulitis, problemas de circulación causando el aumento en la formación de arrugas y la pérdida de elasticidad en la piel, inflamación a causa de la pérdida de colágeno, flaccidez, etc.

Las situaciones de tensión emocional y física generan gran cantidad de toxinas de las que el organismo debe aprender a desprenderse antes de que causen daño a los tejidos.

Las diferentes afecciones en la piel son totalmente visibles, por tanto, tienden a dañar la autoestima de las personas.

Uno de los sistemas que se ven afectados por el sedentarismo es el esqueleto, se vuelve frágil y débil y pierde paulatinamente su aptitud para cumplir funciones más allá de los movimientos rutinarios.

Uno de los cambios que más rápidamente se manifiestan es la pérdida de fuerza, tamaño y tono muscular

El ejercicio regular mantiene a raya la distrofia muscular propia del paso del tiempo. Al volvernos pasivos se acelera el peso de la edad, que también conlleva una reducción en la potencia de la musculatura, en la agilidad, la coordinación y la movilidad del cuerpo. Nos volvemos más lentos y torpes.

Al abandonar un entrenamiento y reducir el trabajo de los músculos, el cuerpo consume menos oxígeno y también genera menos dióxido de carbono. La circulación también se desacelera, porque la musculatura no pide aportaciones extraordinarias de oxígeno para mantenerse activa.

El volumen del plasma de la sangre disminuye, así como el volumen sanguíneo, y se reduce la viscosidad de la sangre, que entonces tiende a espesarse respecto al momento en que estábamos en forma.

Cambios musculares: seguramente son los cambios que más se notan, y más rápido, y se caracterizan por la pérdida de fuerza y por la disminución del tamaño y la distribución de las fibras de los músculos, como señalan numerosos estudios científicos. De alguna forma la musculatura se acorta y perdemos elasticidad, además de volumen.

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